viernes, febrero 24, 2012

300 estudiantes ateos descubrieron a Dios

Por el Rev. José Eugenio Hoyos



Hoy más que nunca los jóvenes en el mundo entero están buscando a Dios. Cada vez que me invitan a dar un retiro o una charla motivacional a nivel internacional en diferentes universidades en Latinoamérica descubro que la juventud quiere saber más sobre Dios y tienen gran curiosidad por acercarse más y más a Él. Había un profesor de Filosofía que era un ateo profundamente comprometido, su principal meta cada semestre era probar que Dios no podía existir. Sus estudiantes siempre tuvieron miedo de discutir con él por su lógica impecable. Durante 20 años, siempre pensó que nadie en su clase y fuera de ella tenía el valor de ir en su contra, y no lo hacían porque él tenía una gran reputación.

Al final de cada semestre, en el último día, el pediría a su clase de 300 estudiantes “si hay alguien que todavía cree en Cristo, póngase de pie!”. En 20 años, nunca nadie lo hizo. Ellos sabían lo que venía después. El diría: “Porque todo aquel que cree en Dios es un tonto. Si Dios existiera, él lo demostraría impidiendo que este pedazo de tiza se rompiera al golpear el piso, sería tan sencillo para él, probar que es Dios, y aun así no puede hacerlo”. Y así, cada año azotaba un pedazo de tiza en el suelo para que se rompiera en pedazos.

Los estudiantes no podían hacer más que mirar. La mayoría de los estudiantes terminaban convencidos de que Dios no existe. Ciertamente, uno que otro cristiano se había metido, pero por 20 años habían tenido miedo de ponerse de pie. Pues bien, un joven que había oído historias obre este maestro, se inscribió en esta clase pues sin él no podría terminar su carrera, tenía miedo. Durante los primeros tres meses de aquel semestre, el oraba todos los días por tener el valor de ponerse de pie, sin importar lo que dijera el profesor, o que pensaban sus compañeros. Nada de lo que dijeran quebrantaría su fe.

Finalmente, llego el día. El profesor dijo: “Si hay alguien que todavía cree en Dios, que se ponga de pie!”. El profesor y la clase de 300 alumnos lo miraron fijamente con sorpresa, al momento que se ponía de pie en el fondo del salón. El profesor grito: “’TONTO!’ si Dios existiera él lo probaría evitando que este pedazo de tiza se rompa al golpear el piso!” Acto seguido arrojo la tiza, pero al momento que lo hizo la tiza se resbalo de sus dedos y fue resbalando por su manga, por los pliegues de su pantalón y por su zapato hasta que, intacta, rodó por el suelo. El profesor quedo con la boca abierta observando la tiza en el suelo, después levantó su mirada al joven que estaba de pie y salió corriendo del salón. El joven entonces pasó al frente del salón y habló de su fe en Cristo Jesús por la siguiente media hora. Los 300 estudiantes escucharon como hablaba del amor de Dios hacia ellos y de su poder. A veces lo único que necesitamos es ponernos de pie. Te pondrías en este momento de pie por Cristo?

miércoles, febrero 22, 2012

Dios envía los medicamentos correctos para sanar

Por el Rev. Jose Eugenio Hoyos



Hace unos cuantos días que regrese de un retiro de sanación y unción en New Jersey organizado por los líderes de la parroquia del Sagrado Corazón de Maria y de nuevo pude constatar que la fe, la alegría, las alabanzas y el poder de la oración son los mejores medicamentos que Dios nos regala para conseguir la correcta sanación.

Es reconfortante y aumenta mucho más las posibilidades de alargar la vida a los pacientes con enfermedades terminales con la acción de la oración inyectada por el Espíritu Santo.

No entiendo como temiendo en nuestras manos los medicamentos de sanación espiritual sin ningún costo dejamos morir a la gente solo por ignorancia o falta de fe. Nuestra Iglesia Católica verdaderamente a través de los sacramentos nos presenta una gran riqueza sanadora que no falla.

Se nos olvida que Dios tiene poder infinito, él puede hacer desde que de una piedra salga agua como abrir un mar, derribar una muralla de casi 8 metros de ancho con un solo grito, Dios puede dar a alimentar a más de cinco mil personas con unos pocos panes y peces, como también puede hacer que un manco recobre su brazo, en su ministerio de más de 2000 años Cristo no ha dejado de trabajar, de sanar y liberar nunca se casa; por eso nos recuerda una vez más con millones de testimonios de sanación y curación efectiva que en cada milagro, en cada sanación de cáncer o de cualquier enfermedad terminal: Cristo vive y se manifiesta en cada célula de nuestro organismo.

Cada sanación que está ocurriendo en diferentes lugares del mundo, minuto a minuto son bendiciones victoriosas. Si ofrecemos nuestras curaciones para que se multipliquen las bendiciones entonces se sentirá la presencia de Dios con más fuerza en nuestras vidas.

Dios nos enviara también los medicamentos correctos para nuestro alivio del cuerpo y del alma. Una tercera parte del ministerio de Jesús estuvo ocupada en sanar a los enfermos; su pastoral de enfermos, podemos imaginárnosla, era como una clínica ambulante o como un hospitalito de ruedas. Su medicina es tan efectiva y abundante que en varias ocasiones se apartó del camino para sanar inclusivo a quienes no se lo habían pedido. Con Cristo regresa la salud, se renueva la fe y vuelve la esperanzas. Pues estamos Bendecidos, Encendidos y en Victoria.