lunes, agosto 01, 2011

Aprecia y valora lo insignificante.



Participando en varias misiones o eventos en diferentes partes de Centro América como en Honduras, El Salvador o Guatemala he podido constatar y experimentar que cuando uno está predicando en lugares donde la gente es muy sencilla y humilde la respuesta espiritual es mucho más profunda y se siente con más fuerza la presencia de Cristo. Mucha razón tenía Jesús cuando hablaba de los pobres y sencillos en el evangelio.
Por ejemplo en el evangelio de San Mateo 11, 25-30 nos dice: “yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra; porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños “. No podemos olvidar que Nuestro Señor Jesucristo escogió voluntariamente nacer entre los pobres.
Esto no quiere decir de ninguna manera que Dios haya discriminado o condenado a personas ricas o que poseen alguna fortuna. Todo lo contrario la salvación es para todos, pero tiene una cercanía y preferencia para los que carecen de cosas materiales y tienen como gran fortuna su vida espiritual.
Dios ama con predilección a los pobres y pequeños de esta sociedad porque tienen un corazón abierto. La principal riqueza que Dios quiere comunicarnos es su vida de amor, y el amor no se recibe con las manos sino únicamente si se tiene un corazón abierto un alma de niño. Este es una característica típica de los humildes, y por eso Dios los ama, porque no están apegados a muchas cosas materiales, los pobres se sienten vacíos y pueden abrirse al amor de Dios y de los demás.
Es por eso que debemos entender que la felicidad está en el cotidiano vivir, en las cosas aparentemente insignificantes que pocos aprecian, en lo más simple. La felicidad es ver el cielo en el suelo a pesar de los sinsabores, las penalidades y la imperfección. Nace de la aceptación serena y el perdón generoso, de desapego y de una constante comunión con Dios.
Valorarte con humildad y pon en práctica este buen principio: Que nadie pase a mi lado sin que se sienta valorado. “No intentes coger las estrellas y haz el trabajo sencillo y común de la vida tal como viene. A veces embrujados por lo material, olvidamos que la vida es simple y que la felicidad esta a la mano no seas arrogante y dejes escapar la verdadera alegría”

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