Por José
Eugenio Hoyos
Una de las preguntas que debemos hacernos los Carismáticos es:
¿Y después del Jubileo qué? Exactamente que va a pasar con nuestra Renovación Carismática
a nivel mundial y dentro de los grupos de oración.
Pues no nos podemos quedar solo en el turismo la visita a
Roma y lugares Santos, al haber vivido unos momentos maravillosos en el Coliseo
Maximus de Roma y una que otra celebración Diocesana o Arquidiocesana.
Hay que pedirle a Dios que ese fuego que se ha encendido en
nuestros corazones no se apague que como dice la palabra “Renovación Carismática”
sea para renovar nuestra fe, renovar las juntas directivas que llevan muchos
años y darle oportunidad a nuevas generaciones, a renovar esos carismas y dones
y a ponerlos a funcionar en nuestras comunidades, a pedirle cada día a el Espíritu
Santo a que nos mantenga mas unidos viviendo la fraternidad y la solidaridad. Debemos
salir mas a las periferias, a anunciar con gozo y entusiasmo el Evangelio y a
Cristo vivo y resucitado.
Cada Carismático debe convertirse en la principal fuente de comunicación
entre Dios y las personas un Carismático va mas allá de una simple aceptación de
ciertas enseñanzas.
Los discípulos Carismáticos son hacedores de la palabra y no
solamente oidores. El anunciar la buena nueva es ser como Jesús y en todo
momento llenarnos de Él.
Después del Jubileo la Iglesia debe apoyar mas en dar una formación
sólida a los predicadores Carismáticos y formar ministerios de sanación en las
respectivas diócesis.
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