lunes, septiembre 08, 2014

Carismas y Dones que hacen un Sacerdote feliz.

Por Rev. José Eugenio Hoyos.


Al cumplir 30  años de servicio Sacerdotal dentro de la iglesia Católica se me brinda la oportunidad de dar gracias a Dios por haberme escogido en este servicio al prójimo y por el regalo de la vocación Sacerdotal; también es una oportunidad de renovar positivamente el Sacerdocio.
Es una conexión con el mismo Cristo traducida en Oración y contemplación es fundamental; pero la contemplación ha de ir acompañada de la acción que tenga primero en cuenta los talentos de la comunidad en que se trabaja, conscientes de que vivimos en un mundo que ha cambiado la mentalidad de frente a la autoridad Eclesiástica, se hace necesario reconocer que la autoridad se gana no se impone.

 
En mis 30 años de vida Sacerdotal he percibido que la gente vibra y se llena de fervor con un Sacerdote que programa, que escucha, que Ora, que contempla, que saluda con cariño que visita a la gente en sus hogares  y hospitales; comparte su realidad; que deja todas sus cosas personales cuando los fieles le soliciten un servicio, que respeta la vida e historia de una comunidad, que se dispone a conocer la gente y a valorarla.
Que desarrolle el carisma y los dones recibidos de Cristo a través de la devoción especial a la virgen Maria; pues Maria jamás podrá faltar con su invitación a la confianza “Hagan lo que él les diga” (Juan 2,5) porque un siervo de Maria nunca perecerá




No hay mejor Sacerdote que aquel que anhela vivir atado a la Virgen Maria, pues la madre de Dios y nuestra es un pasaporte para viajar y aterrizar en el corazón de las personas, de la Iglesia y del Cielo.
Un Sacerdote debe poner sus dones y carismas al servicio de la comunidad. Por eso hoy en estos 30 años de Sacerdocio me arrodillo ante ti Señor, Rey de Reyes y te doy gracias Padre amado por hacerme tu siervo. ¡Amen!

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