lunes, enero 26, 2015

Tiempo de rechazar lo mundano y llenarnos de la luz de Cristo.

Por Rev. José Eugenio Hoyos.

 
Es muy gratificante al escuchar los poderosos testimonios de miles y miles de personas que antes estaban alejadas de Dios, de la Iglesia, de los Sacramentos y le habían dado más importancia las cosas pasajeras de este mundo y ahora siguen a Dios.
Muchas otras personas han tenido un encuentro maravilloso con Dios al dejar para siempre el alcohol, el cigarrillo, el mal genio, la apatía u otro tipo de vicios.

Antes muchos pensaban que la verdadera alegría y felicidad se encontraba en las fiestas, las borracheras o la adicción al sexo y ahora han dado una vuelta a su vida y se dieron cuenta que esa verdadera felicidad se encontraba en la Iglesia, en la Oración, en una hora Santa, en un grupo de Oración Carismático o en una Alabanza.

Por ejemplo San Pablo expresó los sentimientos de muchos. Las personas solo encontraran un cambio acercándose a la luz que da solo Cristo.



“De hecho no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero” (Romanos 7:19) San Pablo estaba hablando como hombre que era antes de encontrarse con Cristo camino a Damasco (Hechos 9) después de este encuentro con el señor, San Pablo prosiguió a escribir la mayor parte del Nuevo testamento.

En la reconstrucción de nuestras vidas Dios es el carpintero para que el edificio de nuestro cuerpo siga firme y en pie si nos sometemos a sus herramientas de construcción para moldear nuestra vida. Nuestra vida reflejará su diseño: “Si el señor no construye la casa en vano trabajaran los albañiles; si el Señor no protege la ciudad, en vano vigila el centinela” (Salmo 127-1)

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